viernes, 28 de enero de 2011

A LA MAJESTUOSA CATEDRAL NOCTURNA

Oh Santísima casa demente,
corazón piadoso,
corazón que he dejado caer en las entrañas de un oscuro fantasma.
Tienes los jardines atados a los continentes.
Tus paredes de fuego contaminan las lluvias
y construyes una virgen descomunal con tus pañuelos.
Yo me acerco a ti en la canción marina
montada en un farol celeste
a posar un misterio sobre tu mejilla de tarántula.
Yo peligro entre los brotes inigualables de tu presencia.
Estoy llamándote, recorriendo el eco de tus carnavales,
golpeando mosaicos donde se ilustran todas las palabras que concluyen en ti.
He abandonado mi cuerpo como un guante.
He callado como una flor inclinándose sobre el vacío.
He callado porque la muerte brilla sobre la cosas que hablan con el silencio.
He callado ante ti, Oh Soberana, porque eres el silencio que habla con las cosas que danzan con la muerte.
Estoy llamándote y perdiéndome en la voz de los errantes.
Ah tu aposento divino, tu noble voz que yo buscaba conla cabeza en alto,
con las manos unidas,
llorando como un apóstol o un criminal,
alabando tu sangre,
quemando los peligros de tu laberíntico epitafio.
Cuando niña te buscaba en los espejos
pero yo ignoraba que la muerte miraba con los ojos de los vivos
y entregué mis miserias a una Biblia hecha cristal,
y una dama de gasa guardó mi corazón exhausto en su cajita de anciana,
la tapó y la escondió en un pozo, bajo una ventana,
en el muro de piedra donde duerme este corazón que he dejado caer
sobre las velas que alumbran a un oscuro fantasma.
He callado porque no te conocía y eras un pincel funesto, y estabas presente como la espada del templario,
cansada y vibrante,
en flagelos antiguos.
He callado cuando no sé qué me dijiste
y pronunciaste mi nombre como una consagración
y te sigo buscando, muda, porque la armonía corrompe la ambigua belleza de tus venenos
y la serpientes se esconden
y las cenizas se pierden tras a voz de la sangre.
Oh Catedral anónima donde emplazo mi reino,
tú que eres un nido para mis encajes delirantes,
un muro que crece hasta mis labios
un lirio que se quiebra
un hueso tejiendo la verdad de las cosas,
un espejo cerrado,
y la morada de este corazón
que he dejado caer,
lentamente,
en tus portentosas galerías
de oscuro fantasma.

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